¿Lo sublime del cuerpo humano o Performance Art?

En esta segunda entrada de mi blog, me gustaría centrarme en una reflexión muy personal, procedente de la necesidad de expresar y compartir, lo que a día de hoy, creo que podemos catalogar como lo verdaderamente SUBLIME con respecto al cuerpo humano. 

Pero antes, es crucial entender el concepto clásico de “lo sublime”, tal y como lo entendía Aristóteles en la Antigua Grecia: lo sublime como algo fuera de los límites del entendimiento humano. Algo deforme o una aberración. Una vez aclarado esto, no debemos confundir, el uso aquí hecho de “lo sublime”, precisamente por las cualidades positivas que automáticamente asociamos a lo que se define como: algo extraordinario o fuera de lo común. ¿O no es verdad que en la actualidad usamos la palabra sublime para describir, por ejemplo, una comida exquisita y no para expresar lo contrario? En dicho caso, diríamos que la comida es pésima, pero nunca sublime.

Sin embargo, la propia definición de “lo sublime”, describe a la perfección el concepto clásico (e incluso medieval o renacentista) de esta palabra dentro de un contexto cultural pasado, dónde la belleza se regía para la mayoría de los autores por alguna de estas cualidades: armonía, orden, simetría, proporción…

Teniendo en cuenta esto último, me paro a reflexionar de un modo paralelo, en otro concepto, más actual, en lo referente a la belleza del cuerpo humano. Este es, el concepto de “cuerpo humano obsoleto” defendido por Stelarc, performance artist, que defiende que “la tecnología ayuda a construir la naturaleza humana, pues el ser humano es inadecuado y obsoleto”. Algo que podría considerarse paradójico no solo en la era clásica, pero incluso a día de hoy.

Pues, ¿quién podría imaginarse que un hombre pudiera tener una tercera oreja hoy en día? Y más aún,  que dicha oreja estuviera alojada en otro lugar del cuerpo, como es el brazo. Y aunque realmente hubiéramos llegado a imaginar esto en el más descabellado de nuestros sueños, muy difícilmente, nuestra imaginación hubiera pensado en la posibilidad de incorporar la tecnología para hacer que dicha oreja (la cual alberga un micrófono conectado a internet), permita extender los límites de nuestro cuerpo más allá de la piel y el espacio físico, hasta el punto de permitir a otras personas, escuchar todo lo que la oreja escucha, sin necesidad de estar en el mismo lugar físico.

De este modo, lo que para el Aristóteles y otros autores de la época, podría considerarse sublime por ser una aberración y superar los límites no solo del entendimiento humano, pero también del cuerpo físico; hoy en día, hay todo un género de performance artists que defienden el uso extra limitado del cuerpo humano como herramienta para explorar las posibilidades del cuerpo futuro (Stelarc) o incluso las de la mente (Marina Abramović, “The Artist is Present”, 2010).

Es por ello, que como indicaba al principio, encuentro en el performance art  un gran ejemplo de lo que se podría catalogar como sublime para los clásicos. Pero, está en la reflexión personal de cada uno el apreciar como positivo y bello, aquello fuera de lo común, ya sea en el performance art o en cualquier otra cosa.

 

 

Bibliografía

http://stelarc.org/?catID=20314

http://www.moma.org/interactives/exhibitions/2010/marinaabramovic/

 

 

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